Ruta en moto: Marruecos
Recorriendo en moto el Atlas y Desierto del Sáhara
El sueño de Marruecos
Índice del artículo
Primer día

El viaje
Así que un viernes de finales de marzo, a eso de las 7 de la mañana nos pusimos en marcha cuatro motos, mi sobrino Raúl, sus amigos Álvaro y Manuel y yo. Nuestro primer objetivo era llegar a Algeciras para allí coger un ferry que nos transportará hasta Marruecos.
Desembarcamos en el puerto de Tánger Med y nuestra intención era ir a dormir a la ciudad de Chefchaouen pero debido al gran retraso que tuvo el ferry se nos echó la tarde encima y decidimos quedarnos a dormir en Tetuán.
Segundo día

Chefchaouen
Al día siguiente empezaba nuestra aventura en Marruecos, nos dirigimos a la bonita ciudad de Chefchaouen donde pasamos la mañana visitando las calles azules de esta ciudad, una bonita ciudad enclavada en las montañas del norte de Marruecos. En este primer día fue cuando nos encontramos con ese gran cambio cultural y social que tenemos a una sola hora en ferry. De pronto te ves en un país tan distinto a lo que conocemos en Europa que te sorprende ya que es un gran choque y da sensación de que has retrocedido en el tiempo.

Otra cosa que me sorprendió mucho es que el norte de Marruecos es verde, con montañas, ríos, bosques y prados, algo que no me esperaba, ya que cuando piensas en Marruecos, lo que te viene a la mente son desiertos, secarrales, montañas marrones, aridez y sin embargo estábamos viendo un paisaje que bien podría ser del norte de España. Este día lo acabamos en la ciudad de Meknes donde descansamos y preparamos el gran salto del día siguiente hasta Merzouga, el desierto.

Pero todavía nos quedaba atravesar más montañas verdes y algo muy espectacular, los bosques de cedros y sus curiosos habitantes, los monos. Y ya por fin empezamos a ver el color marrón de Marruecos y esos paisajes tan singulares de este país. Poco a poco nos adentramos en el sur de Marruecos, podíamos divisar la gran Cordillera del Atlas y a través del espectacular Cañón del Ziz, llegamos al desierto, nuestro destino y nuestro primer objetivo. Esa noche dormimos en Merzouga.
Tercer día

Buggies por el Sáhara
Este día fue nuestra etapa de descanso, habíamos decidido pasar todo el día disfrutando de las dunas de Erg Chebbi. Para eso alquilamos unos buggies para navegar a través de las dunas y os puedo decir que nos lo pasamos como niños, disfrutamos un montón. Después de los buggies y para hacer hora para comer, fuimos a visitar el lago de Merzouga, que si ya es curioso que haya un lago en mitad del desierto no fue menos curioso encontrar un viejo pero bien mantenido “cuatro latas” (Renault 4) convertido en cafetería.

Después de comer nos recogieron con un 4x4 y volvimos a cruzar de nuevo las dunas hasta los Campamentos de Jaimas en mitad del desierto. Ni que decir tiene que si por la mañana habíamos disfrutado con las dunas de arena, por la tarde con el 4x4 fue otra experiencia inolvidable, parecía que estábamos participando en el Dakar. Pero el plato fuerte del día vendría la atardecer cuando el todo terreno se detuvo en lo alto de una de las dunas para presenciar la puesta de sol en el desierto. Fue algo mágico que recomiendo a todo el mundo que visite el desierto.
Después de contemplar la puesta de sol, continuamos trayecto por las dunas hasta nuestro campamento de jaimas, donde nos recibieron con un té, nos instalamos en nuestra jaima. nos sirvieron una suculenta cena y después nos sentamos alrededor del fuego, bajo las estrellas del desierto y tuvimos una auténtica noche bereber con sus tambores y cánticos. Este día fue inolvidable.
Cuarto día

Gara Medouar
A la mañana siguiente, volvimos a cruzar las dunas hasta Merzouga para recoger las motos y continuar el viaje. Hoy teníamos una ruta larga pero por el camino teníamos tres platos fuertes del viaje, el primero era la Cárcel Portuguesa o Gara Medouar, su nombre real y más tarde visitaríamos las gargantas del Todrá y del Dades, para acabar nuestra ruta en la ciudad de Ouarzazate.
Las gargantas del Todra y Dades
La garganta del Dades es parecida a la del Todra hasta de llegar donde se estrecha y se cierran las los acantilados. Conforme nos acercamos, discurrimos por el valle que forma el río Dades, también con palmerales y pueblos de color rojizo pero en esta garganta, el plato fuerte se encuentra al final cuando la carretera serpentea entre las paredes con múltiples curvas de 180 grados hasta llegar a un famoso mirador desde donde contemplas esta subida espectacular y que por supuesto está llena de motos.

Ouarzazate
Al final del día llegamos a Ouarzazate, ciudad donde dormimos y repusimos fuerzas para el día siguiente cruzar el Atlas y llegar a Marrakech. El paso de las montañas del Atlas se hace a través de una sinuosa carretera que sube a la parte más alta de las montañas para luego hacer un vertiginoso descenso por una carretera en muy buenas condiciones, que nos permitieron disfrutar de la conducción y llegar a buena hora a la ciudad de Marrakech.
Quinto día

Marrakech
En esta gran ciudad de Marruecos pasamos toda la tarde descubriendo sus callejuelas y su caos hasta llegar a la plaza de Djemaa el Fna, que ha sido declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. El gran bullicio y el caos por todos las calles nos sorprenden pero a la vez lo disfrutamos, todo está lleno de tiendas de artesanía de ropa y de todo lo que te puedas imaginar La famosa plaza de Djemaa el Fna también está llena de puestos de todo tipo y curiosamente al atardecer, se transforma al sustituir la gran mayoría de las los puestos por otros de comida. Si durante el día la plaza tiene un ritmo vibrante y exótico por la noche esto se multiplica, Marrakech es una ciudad del sur de Marruecos que no te puedes perder.
Esa noche dormimos en el Riad Taghia, un alojamiento muy recomendable, que había abierto hace poco tiempo una gran amiga mía de la juventud y me sorprendió cuando me dijo que se había embarcado en esta aventura del Riad en Marrakech. Los Riad son antiguas casas marroquíes reconvertidas en pequeños hoteles y es una opción muy buena para dormir en Marrakech.
Sexto día
Rabat, Tánger y vuelta a España
